Y todo esto, ¿por qué?

Así, para empezar, soy Àlex. Me podéis ver aquí debajo, con gafas, barba muy descuidada y bastante desaliñado - aunque he tenido días peores, para qué mentir. Y, encima de mí, el protagonista de toda esta historia. Esa mezcla de beagle con mil leches se llama(ba) Cactus. Para cuando se hicieron estas fotos, yo era un joven peleando por hacerme un hueco en el mundo del periodismo deportivo. Entre reportajes, entrevistas y retransmisiones pasaba gran parte de mi tiempo. Y, junto a mí, siempre estaba él. En silencio, esperaba pacientemente a que me levantase de la silla para dedicarle la atención que merecía.

Cactus había llegado del Refugio La Amistad, en Vallirana. Venía de Sevilla, dónde un sinvergüenza lo había criado junto a un cerdo vietnamita. Sus primeros meses, los pasó en una habitación sin apenas luz. De hecho, cuando llegó al refugio, pensaron que se quedaría ciego por el estado de sus ojos. El caso es que cuando ese hombre se cargó al cerdo vietnamita, también intentó eutanasiar a Cactus. Un buen veterinario lo impidió y lo mandó hacia el refugio. Y, así, llegó a mí un perro cariñoso, fiel, leal, divertido y bueno. Pero también con protección de recursos, miedo a petardos, ruidos, algún que otro perro, etcétera. Si hubiese sabido entonces todo lo que sé ahora, le podría haber ofrecido todo lo que necesitaba. Pero me quedo con que lo hice lo mejor que supe. Con él compartí 9 años de mi vida. Me acompañó en rupturas, enamoramientos, aprobados, suspensos y un sinfín de experiencias y emociones. Y es que 9 años dan para mucho...

Lo que pasa es que si fuéramos conscientes de que el tiempo es finito, seguramente no les negaríamos nunca una caricia, un paseo o un rato de juego. Priorizaríamos lo que de verdad importa por encima de nimiedades laborales. Pero nunca es tarde para entender una lección. La mía llegó el 24 de febrero de 2022, también en Vallirana, cuando me comunicaron que Cactus sufría un cáncer en el bazo. Me quedé acariciándolo hasta que cerró los ojos. Yo pensaba que ese sería nuestro último día juntos... Y me equivoqué. Porque él ha sido el que me ha traído hasta aquí. El que le da sentido y nombre a toda esta aventura.

Pero nada hubiera arrancado si no fuera por Neo. Ese golfo cabrón que veis en redes, en la portada y en muchos sitios más llegó a mi vida como un huracán. "Es un perro súper bueno, tamaño mediano", me dijeron desde el Refugio Isla Cristina, en Huelva. Y lo que llegó fue una bestia de 7 meses, 28 kilos, una fuerza destacada y un grado de estrés más alto que el Himalaya. A Anna y a mí se nos hizo un mundo. Destrozos, mordiscos, cabezazos y la sensación de que no podíamos controlar a ese bicho que había entrado por la puerta. Así que teníamos dos opciones: Devolverlo a Huelva en el primer autobús o ser tutores responsables y buscar ayuda profesional. Y tomamos la decisión adecuada. Con trabajo, paciencia y muchísimo cariño descubrimos a un perro buenísimo que, de haberlo devuelto, posiblemente no hubiera salido de una protectora.

Y, con Neo, en mitad de una sesión grupal, me di cuenta de que esto era lo que quería hacer. Si Cactus abrió la puerta, Neo me mostró el camino. Así que, después de cursar en SingleTrack la formación reglamentada, aquí estoy ahora, como educador canino profesional, acreditado por la ANACP.

Trabajo orgullosamente en la Protectora de Sabadell, cuidando y ayudando a todos aquellos animales que no han tenido la suerte de encontrar un hogar o han sufrido el abandono por parte de sus tutores. Y, por supuesto, también ayudo a familias a disfrutar al máximo de sus perros, con pautas, visitas y seguimiento constante. Porque, honestamente, pocas sensaciones son tan satisfactorias como ver mejorar a un perro y cómo la familia empieza a disfrutar de verdad de una convivencia sana y equilibrada.

Así que esto es Cactus Educan. Trabajo, compromiso y muchas ganas de ayudar a quien lo necesite.

Nuestra misión

"Yo sé de perros, porque he tenido perros toda mi vida" es como decir que sé mucho de cultura oriental porque llevo diez años bajando a cenar al Restaurante Japonés de debajo de mi casa. Yo repetía mucho esa frase hasta que me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que realmente necesitaba un perro para ser completamente feliz y equilibrado. Así que ahora ayudo a todas esas familias que quieren darle a su perro un mayor bienestar, adaptando comandos para el día a día y modificando aquellas conductas menos deseadas.

Nuestra visión

Te voy a decir una cosa. Esos ojos que te miran con amor incondicional cuando llegas a casa, un día se apagarán. Y entonces, con todo el dolor que conlleva, tendrás la conciencia tranquila de saber que le has dado a tu perro la mejor vida posible. La vida que merecía y que tú has hecho posible. Que ambos habéis tenido muchísima suerte de encontraros mutuamente. Y, también sabrás que ese perro que espera a ser adoptado y que aún no te conoce, tendrá muchísima fortuna de coincidir contigo.

Contacto

cactuseducan@gmail.com

+34 689 00 53 77

© 2026. All rights reserved.